[ bicitácora en eterno borrador ]

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primero desde las montañas de Colombia, del Perú y del Ecuador. después desde la Amazonía toda hasta el extremo oriental brasilero. París. Sarajevo. Y ahora, Delhi..

nota: Las entradas no están en orden cronológico, pero cada una tiene fecha: 'd' corresponde al día de viaje, siendo el primero -el día del viaje- el 'd 0'.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

dejar el perú


Perú pasó de largo. Comparado a los seis meses en el pequeñisimamente enorme Ecuador, o a los tres en los 116 kilometros que tiene Colombia sobre el Amazonas, fue un paso efímero. Además de todo lo dicho, quedan muy buenas cosas. Primero, la Cusqueña, las dos Cusqueñas. Delicia de los andes. Segundo, los ceviches y todas las delicias de la cocina costera. Inigualable. Este era un viaje de cocina (entre par cosas más), pero también es un viaje del absurdo. Por eso no es raro que hayamos corrido por un país de gastronomía inigualable después de recorrer uno de pobre y aburrida cocina...

Y una cosa más. Viviendo en Colombia uno cree que somos el pueblo con peor fama. Pero en Ecuador nos quieren mucho (salvo casos aislados y presidentes) mientras que odian y aborrecen a los peruanos. En Perú, idem. Y en la amazonía, si pasó algo malo, o fueron peruanos, o, en caso de duda, brasileros. Como cambia todo saliendo sólo a donde el vecino.
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pueden ver fotos acá (lentamente desactualizadas)
o unas muy pocas en el blog de paul
* del diario

soy mi propio altar (caminando con cerati i)

Hoy amaneció antes de tiempo y no resisto más hostilidades. Así que calló y escucho.

Harto del sarcasmo
sube el precio del silencio
me hace sentir bien
Caminando todo recobra el sentido. Todo está hecho para ello.

Colmar tu corazón
ver si hay algo desierto

Quisiera hacerlo. Sin límites. Sin preocupaciones. Así que en silencio camino, escuchando, abriendo puertas.
Gozar, perderse mas.
Dejar que tiemble la tierra
y toda frase hecha
Ya no hay cabida para los prejuicios. En ellos ya no creo. Ya no soporto sus altares. No quiero que me traigan ni un dogma más. Y el ritmo ya no será determinado por el exterior.

Suena como el viento
y decidi borrar el tiempo
Soy mi propio altar.
Soy mi propio altar.
Soy mi propio altar.

Nací escéptico. Y crecí escéptico. Y toqué fondo; entendí que duele, y practicarlo es más díficil y desgastante de lo que aparenta a primera vista. Aunque es verdad, no tiene nada que ver con la existencia. De modo que después de haber tanteado las posibilidades que hallé a mi alrededor (nadie podría decir que no lo hice) tuve que buscar adentro, irremediablemente. Crear y creer.

Puedo llenar el vacio
si en ti he cometido
si alguna vez has
escuchado mi ruido

Compartir la felicidad. Amar. Tener y poseer la vida, viviéndola. Componerla.

Lo que respiro es lo que vivo
y lo que veo lo que digo,
no sé si lo describo.

Hago lo que puedo. Quieor hacerlo bien, casi siempre. Fijo un rumbo, y recorro manteniendo abiertas las puertas de la percepción.
Una luz se distorsiona en mi interior
Hay algo en mi alma, brasa y
fulgor
Ya no permitiré que acallen mi voz. Ya no participio en el juego del oxido. La descomposición natural regenera la vida.

Mientras paso este dia lleno de sol
de pronto emerge de mí un fuerte
resplandor

Y a pesar de todo, saber que ahora es todo, y que ahora está bien. No hace falta nada. Hoy no. Quizá mañana. Pero bueno, eso tampoco hace falta.

Claro que si,
estando aqui
me siento mucho mejor

Sin duda. No hay otra opción.

Claro que si,
estando aqui
me siento mucho mejor

Sigo pedaleando, y cuando encuentro ese espacio hermoso, la miel y el gengibre, me apeo, y dejo que todo suceda.

Si hay algo desierto
es que hay algo de cierto

Ya la vida y la búsqueda no son distintos. Ya no hay que buscar. Sólo vivirla.

casa (caminando con cerati ii)

Quiero una casa
Quiero un hangar
Y una torre de lanzamiento
¿Vamos hacia adelante? Percibo confusión. No hay duda que esta es la más perfecta nave espacial para recorrer el universo, y si este fuera solo esta, no haría falta lo demás, y me conformaría con que las estrellas fueran lucesitas colgadas en lo más alto del techo.

Hoy nuestra aldea es todo este mundo
Y no es un mero pretexto

No hay otra opción que construir. Y construir y reciclar ya no puede ser distinto. Las fronteras se desvanecen y el espacio se reduce. Cada vez estamos más cerca.

A lo mejor tener sed enloquece al desierto
Sera la locura que nos hace
bailar

Y a lo mejor esa es la causa de todo, y entonces, ya no hacen falta más razones; sólo dejarse llevar, encontrar el centro de la corriente sin inventar abigüedades.

Ya limpiaste la casa
Ya limpiaste tu cuerpo
Ahora tienes el tiempo

Lo importante es encontrar un ritmo, definirlo. Que sea propio. Imperturbable. Modificable sólo desde adentro, al caminar.

Lenguas de sal, un golpe de oidos
Le doy respiro a los sonidos

Permitir la vida. Permitir que todo gire y germine.

Abandonar la tierra
Y sentir la ingravidez
Sólo para volver a ella. O no.

Desordenado es el afan
Que nos hace bailar, bailar, bailar.

Contigo, quiero bailar.

cosas imposibles (caminando con cerati iii)

Caminar. La única manera de hacerlo es desprevenido, llevando solamente todo lo que se tiene: adentro. Pero reservando todo el espacio necesario para las dos cosas que aparecen.

Si un amor cayó del cielo no pregunto más
en mis sueños nunca pierdo la oportunidad

La suerte no es pasiva. Es activa. A veces llueven sapos, pero sólo lpodemos verlos si estamos atentos. La casualidad nos rodea y el tesoro pasa de largo sin avisar.

Aunque a veces se equivoquen no confundo más
voy a hacer que mis cenizas
vuelvan al papel

Ya no pueden destruir mi casa. Ya no pueden despertar los sueños. Ahora son la realidad. Ya no puedo dejar pasar el momento en que arde la candela. Ya no morirá por descuido ni por falta de fe. Ahora es confianza y familiaridad.

Siempre es hoy
ya es parte de mi ser
Siempre es hoy
lo claro
entre los dos
Siempre es hoy
sos parte de mi ser

Ayer y mañana no pueden distraer este momento de éxtasis. Ahora no están. Sólo estoy yo. Y si es posible, tu.

Quiero hacer cosas imposibles
cosas imposibles

Lo hermoso, es que ya no las hay. Sin afán, poco a poco, todas las posibilidades tienen cabida en la locura de la realidad.

Mi pasión del porvenir
es la eternidad
No me hablen de esperanzas
vagas
persigo realidad

Desearía no tener que repetirlo: todo cabe y pero los dogmas se deshacen tratando de destruir. Ahora sólo se puede construir. Abrir todos los sentidos y frenar la mente. Dejar ser. No hay más elección.

martes, 25 de noviembre de 2008

de presos y avispas


lunes 24 de noviembre, 2008 *
d 333
_leticia, amazonas, colombia

Hoy me desperté con los labios tan hinchados que me quedaba dificil abrir los ojos. Pablo me dijo riendo:
-Bueno días mi negrito.
Me miré en el espejo y era verdad. Siempre he tenido labios prominentes pero ese día tenía una bemba colorá. Por un momento pensé que tanta marimba, cumbia, y currulao, no sólo me habían transformado el alma, sino que empezaban a modificar también mi cuerpo. Pero pronto recordé.

Todo empezó hace dos días, el sábado, cuando iba camino a la carcel a visitar a San Diego. Estoy seguro que resulta mucho más interesante leer sobre una visita a la carcel que sobre mis labios hinchados. Sin embargo, la experiencia en prisión estuvo absolutamente determinada por la causa de la hinchazón. Así que las dos historias tejieron esta experiencia.

San Diego tuvo la mala suerte de estar simultaneamente en el lugar y en el momento equivocados. Aunque no le había hecho daño a nadie, no hubo manera de detener la pesadilla. Era real. Ese día un par de policias lo requisaron y encontraron treinta gramos de mariguana. Es decir, diez gramos más de lo permitido por la Ley 30. Su paquete dejaba de ser la dosis personal y se convertía en "producción, porte y tráfico de narcóticos". Aunque no le han dado la sentencia, ahora está viviendo en la carcel de Leticia, hacinado en un mínimo calabozo con cuatro presos más.

Hace dos semanas San Diego era profesor de colegio. Dedicaba su tiempo libre a la música, a la fotografía, al capoeira, y a la navegación fluvial. Y claro, a compartir con sus amigos. Como lo encontraron con mariguana, ahora se considera peligroso para la sociedad. El dice que fuma para conectarse con su interioridad y así crear, y también, para relajarse. Otros piensas que eso lo hace un criminal.

El sábado era la primera vez que yo podía ir a visitarlo. Lleva ya doce días preso, pero la semana anterior yo no había estado en Leticia. Ese día íbamos varios. Por la situación ellos se veían cabizbajos. Yo en cambio estaba contento y lleno de buena vibra para alimentar el espíritu de mi amigo encerrado. Absurdamente encerrado. La situación se hacía peor porque esa noche se presentaba su grupo de percusión en el Pirarucú de Oro, un festival de música amazonense en el que él no se iba a poder presentar. Es más, creo que ni siquiera alcanzaría a oirlo desde su celda. De todas formas yo llevaba muy buena energía para darle, para dejarle.

Pronto pasamos por la esquina de la gobernación, junto al parque Santander. En el anden estaba un extraño señor espantándose tranquilamente varias avispas que intentaban atosigarlo. Felipe y yo pasamos a su lado sorprendidos y una me picó en la pierna.
-Puta, dije al sentir el ardor, y seguí caminando.
Unos pasos más adelante sentí que otra avispa se me paraba en la misma pierna, y alcancé a quitármela con los dedos y tirarla lejos. Y claro, salí corriendo. Alcancé a pensar que no me había picado. Pero en ese preciso instante el ardor comenzó de nuevo. Me había picado muy cerca de la otra picada.

En la selva me han picado varias avispas y otros bichos extraños, pero además de la hinchazón y la rasquiña, nunca había tenido problemas. Ni siquiera con la primera avispa que me picó cuando tenía poco más de dos años. Ese puede ser el primer recuerdo que tengo. Vivíamos en Cali en un edificio alto frente al rio. En el primer piso había un panal de avispas africanas, grandes, negras y aterradoras. Aún veo la escena con nitidez. Entra un niño pequeño caminando en una cocina de baldozas, muebles y techo blanco. Al fondo está su mamá de espaldas, haciendo algo sobre el mesón. El niño camina decididamente hacía ella. Repentinamente grita y cae al suelo, sujetándose el pie mientras hace gestos de terror. En el piso hay una mancha negra. Es una avispa que aunque está muerta, lo pica cuando la pisa. Tardé muchos años en comprender cómo me había picado si estaba muerta.

El sábado camino a la carcel alcancé a ver bien a las que me picaron: medianas y con un aguijón pintado de rayas negras y amarillas. A pesar de las picadas, seguí caminando, pensando nuevamente en San Diego. Su situación dejaba en un segundo plano un par de picadas. Paramos a comernos unas empanadas antes de llegar y le mostré a Pablo la pierna. Me habían salido dos ronchas de diámetro normal, pero infladas y duras. A ratos sentía la punzada ardiente de la picada, igual que cuando me habían picado.

Poco a poco siguieron apareciendo síntomas extraños. Sentí una picazón en la entrepierna y en las axilas y pensé que podía ser un hongo de humedad, típicos de la selva. Después una leve razquiña en la cabeza. También me rascó un antebrazo y alcancé a distinguir una mancha rojiza. Pagamos y seguimos caminando.

En la entrada de la carcel, mientras nos registraban, percibí otras sensaciones extrañas. Fueron las primeras de muchas que irían apareciendo a lo largo del día, una tras otra, y que permanecerían por ratos prolongados, unas más que otras, sucediéndose y yuxtaponiéndose en mi atolondrada percepción.

Primero fue la rasquiña intensa en el cuero cabelludo, atizada por el inclemente sol. Después ví como aparecian ronchitas en mis brazos entre manchas rojas que me apetecía rascarme. También en los cachetes. Como tenía la certeza de que me pasaría pronto, entré a la cercel sin dudar.

En seguida del control estaba la improvisada peluquería de Isabela: una silla, unas tijeras y un gran espejo. Ya me habían hablado de él. De ella. En fin: un travesti brasilero encarcelado por tráfico de drogas y por homicidio: mató al sapo. Le pedí que me dejara ver en el espejo. El brote era leve. Estoy bien, pensé.

Alcancé a los demás en la escalera llegando al segundo piso. Entramos al primer corredor y en la primera celda encontramos a San Diego. A duras penas se podía abrir la puerta que daba entrada a un espacio reducido con cuatro camarotes embutidos coronados por una hamaca pegada al techo.
-Es tan pequeño que tienen que salirse para que entré el sol.
Como San Diego aún no había sido sentenciado, no había sido asignado a una celda. Iba a tener que dormir en carretera, como llaman al corredor frente a las celdas, pero un grupo de presos lo invitó a hacinarse con ellos y colgó su hamaca encima de los camarotes

Lo saludé efusivamente. Lo abracé con fuerza un buen rato y no pude evitar hablarle de las picadas. Pasamos a una especie de hall junto al corredor y nos sentamos en una banca de cemento. Me sentí un poco desequilibrado y me recosté. Tenía unas bolitas en los brazos y algunas en las piernas. Noté que las dos ronchas habían desaparecido. El cuerpo las había absorbido y ahora estaban recorriendolo todo por la sangre.

Acostado sentí una opresión en el centro del pecho. Respiraba bien. No sentía que tuviera nada que ver con los pulmones, pero sí había un peso, una presión, tal vés en el corazón. Pensé que ahí recostado y relajado se me pasaría. Me habían picado cerca de las nueve y ya debíe de haber pasado una hora. Ellos estaban hablando, oyendo las historias de esa semana en prisión. Acostado, el ruido del lugar me impedía seguir el hilo de la conversación y sólo registraba frases sueltas. Eso, sumado a mi estado y a mi posición, me impedía participar en la conversa.

El lugar era encerrado. Mi cuerpo estaba cubierto por una fina capa de sudor. Escalofríos recorrían mi cuerpo. Una leve rasquiña me hacía consciente de la piel. Me senté ilusionado con una mejoría. Pero todo se me revolvió. Me sentí inquieto. Me recosté de nuevo. Sólo quería quietud. Me quedé dormido. Cuando desperté estaba tranquilo. Me levanté y de nuevo todo se me revolvió. Todos me miraron. Me dijeron que estaba rojo e hinchado. Sentía los párpados pesados y tras ellos los ojos irritados. Tenía sed. Pero sobretodo, tenía una tristeza por no poder controlarme y ser dueño de mí para estar presente, compartiendo con mi amigo y enterándome de la manera de ayudarlo a resolver su situación. Pero sólo podía, y deseaba, estar tumbado.

Un preso nos propuso conseguir almuerzo para todos a cambio de una de las barras de jabón y uno de los rollos de papel higiénico que le habíamos llevado a San Diego. Como le habíamos llevado suficientes y teníamos hambre, accedimos. Así vislumbré una gota del mar de mafia que se vive adentro.

Cuando llegó el almuerzo me senté y recibí un plato de icopor con dos raciones de comida: mucho arroz coloreado de amarillo, un poco de ensalada, unas tajadas de maduro y un bocado de carne. El borde del plato estaba agrietado y cuando lo cogí, cedió. Mi condición no me permitió reaccionar y la comida se cayó al piso. No tuve otra opción que recostarme de nuevo. Eventualmente comí un poco, pero no me sentó bien. El estómago se resintió, estaba pesado, amargo por haber recibido esa comida. Volví a tumbarme. Mi cabeza estaba lenta, mi cara inflamada, y la piel me rascaba. Me sentía impedido. Sólo deseaba quietud y algo de tomar.

A la una propusieron que bajáramos para pedir permiso de salir a jugar volleyball en el patio. San Diego aprovechó para darnos una vuelta por el primer piso. Quería mostrarnos la pileta donde bautizaban a los presos después de su primera visita conyugal. Cariñosamente me llevaba de gancho, con emoción. Cuando salimos la luz del medio día me encandiló. Me había parado muy rápido y la sangre se me bajó de la cabeza y tuve un momento de delirio. La visión del lugar se tamizó por una alucinación. Tuve que sostenerme de San Diego y, luego, me senté. En la luz del día me dijeron que no tenía buena cara. Andrés me hizo una "limpieza del aura" que me sentó muy bien. Me dijo que lo mejor era que saliera de ahí y me tomara un antialérgico y descansara. Podía ser peligroso. Me ví el cuerpo brotado y enrojecido. Me tocó aceptar la realidad: llevaba cuatro horas indispuesto y no había señas de mejoría, y peor, no podría compartir ese día con él. No quise que nadie me acompañara hasta el barco; no quiería privar a San Diego de otro visitante. Me despedí con tristeza y busqué la salida.

El guardia se mostró extrañado con mi petición, pues aún faltaba una hora para la salida. Pero al verme enrojecido me abrió la puerta. Como salí en el momento indebido, me sentía como haciendo algo prohibido y pude pensar que si fuera San Diego estaría en libertad. Fue una sensación fugazmente extraña.

Caminé hasta el barco tranquilamente, evitando la esquina de las malditas. Al llegar me tomé una Loratadina con mucho líquido y me recosté. Poco a poco sentí al mejoría y pude leer. Al atardecer tenía algunos síntomas, pero estaba ya recuperado. Pensaba en mi hermana. Un día en Méjico le pasó algo similar pero con abejas. Fue aún más fuerte y les cogió pavor. A ella, además de todo, se le habían inflamado los órganos internos y se le había cortado la respiración. Los médicos le dijeron que su sistema inmunológico se había sensibilizado y que la próxima vez podía ser peor. La condenaron a llevar siempre una jeringa y una ampolleta de Decadrón en la cartera. Si la volvián a picar, debería aplicarsela inmediatamente. Ella había estudiado medicina un tiempo y sabía aplicar inyecciones. Yo, en cambio, no podría hacerlo. Siempre me había parecido que el temor de mi hermana a las abejas era exagerado. Ahora la entiendo. Pensaba también que hace tan sólo dos semanas me había picado una avispa, y además de la hinchazón no me había pasado nada más. Y me queda la duda de si debo temer a todos los aguijones o sólo a la avispa específica que me atacó.

Al dñia siguiente me rascaban las plantas de las manos cuando me desperté. En el pecho tenía unas leves manchas rojas. Los tobillos estaban un poco inflamados. Los ojos y las cejas algo hinchados. El labio superior me rascaba. Sentía una leve pesadez en la cabeza. Durante el día fue mejorando la situación.

Ahora estoy casi del todo bien. Los labios de negro han reducido su tamaño hasta su casi grande normalidad. La rasquiña ha desaparecido casi del todo. Tal ves sólo me queda una leve paranoia con los insectos. Y un enorme vacío por San Diego, todavía encerrado en un lugar con una energía pesada y negativa que se empeña en destruirlo, que le impide vivir. Llegan a mí recuerdos difusos de la visita, empañados por el veneno.
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pueden ver fotos acá (lentamente desactualizadas)
o unas muy pocas en el blog de paul * del diario

sábado, 22 de noviembre de 2008

mayita. o a veces llegan cartas

mi adorado choquito

pues te cuento que ayer mayis tuvo un paro respiratorio y se murió.

(...)


¿Qué?

¿Se murió? Así no más. ¿Mayis? ¿Mayita?

Mayita es María Calhelha, la melliza de mi abuela. Este año celebraron 182 años entre las dos. Juntas. Hermosas.

Con Mayita compartí momentos muy bonitos. Creo que el hecho de ser la melliza de mi abuela, a quien adoro, me hizo sentir como su nieto. Ahora no la volveré a ver.

Lo bueno, es que la llevo grabada en montones de escenas en mi cabeza, en el corazón. Ella es un pedazito más de esa cosa tan bonita que me tocó y que bautizaron familia.

(...)

a mama no le vamos a contar nada pues eso le daría demasiado duro y realmente no creo que lo resista.


Mamá es mi abuela, la hermana de Mayita. Ella disfruta de la vida, auqnue no se da cuenta de mucho de lo que pasa. O si, pero se le olvida.

(...)
mama está bien, aunque cada vez más impedida y todo le cuesta trabajo, pero como es una gocetas saca provecho de todo y disfruta y hace relajo todo el tiempo.


Mamá es increible. No le conozco defectos, al menos ninguno reprochable, pero siento su peso en muchas cosas buenas que de ella me llegaron hasta mí.

Quizá el único deseo sería estar allá con la familia y con ellos vivir el duelo, porque solo, en la distancia, su abstracción dificulta sentirlo real.

A las dos, las llevo en mi corazón, por ahora, en este momento, en silencio.

jueves, 20 de noviembre de 2008

la maloca. la casa de la comunidad es la casa de la humanidad


La selva es densa e impenetrable. La selva es misterio y templo de saber. En la selva cada cosa tiene su lugar, cada gente tiene su espacio. Por que en la selva hay muchas gentes, no sólo los hombres. Y así, en la selva, la maloca es la casa del hombre, la casa de la comunidad, es decir, la casa de la humanidad.

El hombre abre un claro en la selva y lo protege. En el centro construye una casa muy grande. Es una casa que nace del lugar. Toda ella viene de la selva, y a la selva volverá. El piso es de tierra. Las paredes, las columnas y las vigas de madera. El techo de hoja, que con la caricia del humo se cura y se eterniza. No hay puntillas ni metales. No hacen falta. No hay paredes interiores. No hacen falta. El orden está establecido con símbolos y costumbres más allá del encierro y funcionalización de una casa moderna. La maloca es aun más moderna que eso. Es eterna.

El hombre transforma un pedazo de tierra para hacerlo su lugar temporal. Y es temporal porque la tierra debe descansar. Si el hombre permanece allí mucho tiempo desequilibrará la vida. Así que después de unos veinte años, es preciso abandonar la maloca, dejar que la selva se reinvente, dejar que la tierra descanse, y buscar otro lugar donde hacer temporalmente una casa para el hombre.

Igualmente, como la manera de hacer la casa, han sido entregados al hombre muchos tesoros. Entre ellos el mambe, la coca; planta sagrada en nuestras gentes desde siempre. Pero un día un científico quiso entenderlo y se la robó. La sometió a procesos y procesos y después de muchas fallas y de mucha ansiedad, se inventó el negocio de la cocaina. Y así. Vienen, prueban, se llevan y se aprovechan. Después prohiben.

Alrededor de la maloca el hombre ha organizado el mundo para vivir. Y se vive bien. Hay que trabajar, pero se vive bien. Es más, es correcto utilizar la compleja palabra Armonía. Pero es que ese invento de los modernos de vivir sin trabajar no es tan simple. Para hacerlo realidad, necesariamente hubo que romper algún equilibrio. Y que lo diga la tierra (y los que trabajan doble por los que no lo hacen). Por que la tierra sí habla, pero no sabemos oirla, interpretarla, porque si el hombre entendiera el rugido de la tierra, nada sería como es.

me alquilo para soñar


Hoy estoy regalado. Con la certeze impresa en la frente de que soñar es la única manera de vivir, hoy me alquilo para soñar. Prefiero que sean sueños lúcidos, los que algunos se empeñan en llamar locos. Sueños como los que proliferan en el mundo según Prado, ese mundo fascinante, aparentemente irracional, mágico, mundo que he podido atisbar y conocer cada vez más. Y claro, sueños que se sueñen y se hagan realidad, que se sueñen poco a poco, viviéndolos...

Lo que sí está claro, es que en esta vida nada tiene sentido, y no hace falta que lo tenga. Simplemente es y no es posible que lo tenga. Por que el sentido no está allí en las cosas, allá afuera. El sentido está unicamente en nosotros. En mí. Las cosas no necesitan tener sentido, pero nosotros si necesitamos que lo tengan. El sentido va de adentro hacia afuera, se crea, se concede y se cree.

Soñar. Traer cosas del más allá al más acá. Hacerlas realidad. Vivirlas y soñarlas al mismo tiempo, permitiendo que se confundad. Unos necesitamos el sentido más que otros. Ese sentido está en la posibilidad de vivir la esperanza (no esperarla). Voluntad y magía.

Así que me alquilo para soñar.

Me regalaría, pero...

el tiempo


En la vida cotidiana los citadinos se inventan o buscan entretenciones para el tiempo libre, y siempre están ocupados, siempre tienen algo que hacer, algo importantísimo, claro está. En esta vida mia de ahora, el tiempo cambia, y en cada lugar, en cada momento, todo es distinto. Claro que tambien busco entretenciones, pero es mucho mas a corto plazo, más inmediato, más espontáneo- En la ciudad es como un tiempo... agendado (horario, calendario,citas).

He oído a la gente de provincia quejándose de los capitalinos. Cuando los capitalinos viajan a provincia son muy amables, que claro que cuando quiera, que mi casa está a la orden... Entonces, los provincianos viajan a la capital, lugar enorme y agresivo donde se sienten perdidos. Pero claro, tienen la tranquilidad de ese man tan amable que recibieron en su casa o que ayudaron a encontrar el camino o a quien alimentaron. Pero cuando lo llaman descubren una y otra vez que el man está ocupadísimo, y si acaso, saca un ratico para saludarlo, dejando al provinciano a la deriva, perdido.

Así que se quejan de los ocupados capitalinos. Y es verdad. Cuando yo recibía visitas, el tiempo era bien complicado, muchas cosas por hacer, muchos compromisos por cumplir... Hace poco recibí una visita acá en Leticia, y fue gratificante estar disponible todo el tiempo minetras duró la visita. Un aprendizaje más.

(Gracias Sil)

pagando la culpa


La manera como los hombres entienden la vida en la tierra siempre ha estado definida por la lucha constante para mantener un equilibrio con el ambiente que permita la supervivencia. Por eso, siempre se ha intentado organizar a los pueblos de acuerdo a su relación con el entorno, para garantizar la vida. Entonces, se han ido inventando leyes y se le ha dado un valor a las cosas, de acuerdo a su importancia en la existencia. La tierra siempre ha sido algo sagrado, pues es lo que siempre nos ha alimentado, es la que nos ha dado todo. Anteriormente las culpas se pagaban con mucho trabajo, y con remordimiento. Ahora es más fácil.

Hoy en día no creo que sea discutible que arrasar con la vida en la tierra sea algo malo. Me atrevo a considerar que hoy en día es el equivalente a un pecado, pues en la mayoría de los casos esa destrucción está movida por los pecados capitales: la codicia, la gula, la soberbía, la ira,la avaricia, la pereza, y la envidia. Los pecados de hoy, los que están acabando con el mundo se diluyen sutilmente en el sistema que ha evolucionado hasta ser una red global inabarcable.

La manera de pagar por los pecados es transfiriendo la culpa simplemente pagando con dinero. La basura. Es indudable que las cantidades de basura que produce una casa normal en un corto periódo de tiempo es descomunal. Pero como no la guardamos, ni nos preocupamos por hacer con ella más que sacarla para que se la llevan, no lo vemos. Y lo que no se ve no existe. No sabemos a dónde llevan esa basura. ¿La queman? ¿La reciclan? ¿Qué los basureros se desbordan? ¿Qué la tiran en cualquier potrero? No importa, yo pago y ellos lo hacen. Es fácil. Y como el trabajo de ellos es sólo desaparecerla, ellos tampoco sienten la culpa.

El alcantarillado. Toda la basura que se vierte en los ríos, venas del planeta literalmente, se va, y ya. Están empezando a implementar multas para las fábricas más contaminadoras: que contaminen, pero que paguen. Fácil. Y si se pudre la amazonía y deja de llover en las montañas, ¿qué?

Se paga para diluir las culpas y se invierte mucho en distraer las mentes. Además, la culpa de los grandes problemas es de la humanidad, no mía. Yo soy siquiera un granito de arena, no hace diferencia. No es problema mío, es problema de ellos. Además, ya pagué. Estoy libre, no me jodan. Y este texto, qué man tan desubicado.

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http://www.flickr.com/photos/cavernicolas
o unas muy pocas en el blog de paul http://hastadonde.top-depart.com/

amarilla [musa paradisiaca]

amarilla    [musa paradisiaca]
"violadora de parajes recónditos, mi [bicicleta] llega adonde no llega el carro o el peatón" (f. vallejo) /

recorrido a través de suramérica [oEste-este]

recorrido a través de suramérica [oEste-este]
actualizado el 29 de marzo '09 en areia branca do rio grande do sul, brasil. recorrido en bici en azul / caminando en negro / en automovil o bus (gasolina) en rojo (el avión por ahora no lo pongo...) en barco por el amazonas azul punteado / paradas a dormir en cuadro negro con punto amarillo (solo sobre el amazonas y brasil. / del ecuador y perú, se pueden ver en entrada antigua (en proceso... como todo)